Artículo de opinión “La soledad de las bibliotecas escolares” por Carmen Morán en El País, Octubre de 2005

http://www.elpais.com/articulo/elpporsoc/20051010elpepiedu_1/Tes

Las salas de lectura de las escuelas e institutos no responden a los requisitos que establecen los organismos internacionales. Según un estudio, les faltan fondos, espacio, tecnologías, presupuesto y personal a plena dedicación que permita su apertura más allá del horario escolar. Además, la mitad de los alumnos no las visita nunca.

Carmen Morán/El País

Artículo 113 de la Ley Orgánica de Educación (LOE): “Los centros públicos dispondrán de una biblioteca escolar cuya dotación de recursos se hará de manera progresiva por las Administraciones educativas correspondientes”. Y sigue, en el punto 2: “Las bibliotecas contribuirán a fomentar la lectura y a que el alumno acceda a la información para el aprendizaje de las demás áreas y materias […]”. Hay aún un punto tres y un cuarto. Por primera vez una ley educativa dedica un capítulo específico a las bibliotecas. La voluntad parece clara. ¿Qué hay de la realidad?

Un estudio entre 16.000 alumnos, 400 colegios y 3.800 profesores efectuado en todas las comunidades por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y el instituto de evaluación educativa Idea, determina que las bibliotecas españolas están “entre las peores de Europa”. Se basan para ellos en los indicadores que establece la Federación Internacional de Bibliotecas (IFLA) y la Unesco. Siguiendo esos medidores, el panorama español deja que desear. Ni están bien dotadas, ni es mucho el uso que hacen de ellas profesores y estudiantes. Sólo el 28% de las bibliotecas escolares cuentan con más de 10 documentos por alumno, entre libros, CD, revistas, periódicos, enciclopedias. Y la mayoría no tiene los fondos mínimos para consulta y conocimiento académicos. Las recomendaciones internacionales indican que más del 60% de los fondos deben ser de este tipo, no sólo libros de literatura o cuentos. En el 67% de ellas no pueden leerse revistas porque no hay. Una visita a un colegio en Finlandia, escogido prácticamente al azar, recibe al periodista con una gran estantería llena de revistas y periódicos. En la sala de profesores, otra. También en Finlandia, según este estudio, el 97% de las bibliotecas públicas están automatizadas.

Las tecnologías tampoco han llegado a las salas de lectura escolares en España, a pesar de que ésta es una de las reivindicaciones de los alumnos encuestados. Ellos, en primer lugar, piden conexiones a Internet (75,7%) pero sólo un 8,7% de las bibliotecas tiene tecnología moderna.

La mitad de los centros escolares no dispone de presupuesto específico para nutrir y actualizar las bibliotecas y los responsables que se encargan de su cuidado, profesores en horas sueltas, por lo general, no dedican más de una hora al día a esta tarea. Eso ocurre en el 62,8% de los casos.

Una de cada cuatro bibliotecas no presta libros para llevar a casa, así pues, el alumno que quiera consultarlos deberá hacerlo en horario escolar porque tampoco podrá acudir a otras horas para estudiar o preparar ejercicios: el 60% de las bibliotecas de primaria no abre al acabar las clases y eso mismo ocurre en el 72% de las de secundaria. Estos horarios no contribuyen a fomentar el ya escaso uso de la biblioteca que hacen alumnos y profesores. Cerca del 40% de los docentes no la visita nunca, un 13% lo hace alguna vez en el trimestre y un 22%, mensualmente. “Nunca uso la biblioteca en horario de clase”, dice el 46% de los niños de primaria y el 55,8% de los de secundaria. Eso no significa que durante el recreo o a la hora de la comida estén llenas: la mitad o más de la mitad, dependiendo de la etapa, no va tampoco en esos momentos (ver gráfico). Y en el horario extraescolar, mucho menos. Pero es que tampoco podrían, en la mayoría de los casos, porque la encontrarían con las puertas cerradas.

Visto lo visto, quizá el uso que se hace de las bibliotecas es el que se merecen. En un 56% de ellas no se actualizan los contenidos mediante expurgos sistemáticos; ello permitiría incorporar novedades y tener al día las colecciones; si eso ocurre, el 80% de las bibliotecas escolares no cuenta con un servicio de información para hacérselo saber a sus usuarios. Los alumnos tampoco encuentran en ellas lo que buscan, que, hoy en día, es, sobre todo, material electrónico y buena conexión a Internet.

Además, los estudiantes quieren trabajar en grupo en las bibliotecas, pero el espacio, por lo general, no es suficiente o adecuado para ello. Cumplen la normativa en cuanto a metros, pero no tienen zonas diferenciadas que permitan dar clases, hacer lecturas informales, horas de estudio. La ubicación no es mala: las bibliotecas suelen tener un fácil acceso una vez dentro del edificio escolar, pero no desde el exterior, lo que dificulta su apertura fuera del horario de clase, por las tardes, noches.

Como los alumnos, los profesores también echan en falta los recursos electrónicos (el 83% lo menciona como una carencia de las bibliotecas); pero, en mayor medida reclaman presupuesto para renovar la colección existente y las condiciones que permitan su uso por profesores y alumnos. No olvidan el horario de apertura, que también querrían que se modificara.

Cabe señalar algunas diferencias entre las bibliotecas de los centros públicos y los concertados: “Por lo general, las de las escuelas e institutos públicos están mejor equipadas tecnológicamente y tienen más fondos”, explica el catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación Álvaro Marchesi, uno de los responsables de este estudio. La ventaja en los centros concertados, añade, es que suelen estar abiertas fuera del horario lectivo en mayor medida que en los públicos.

Pero, en general, el panorama no es muy halagüeño. “Las bibliotecas escolares españolas no partían de una buena situación, por eso se puede decir que se ha mejorado en los últimos 15 años, pero no lo suficiente”. A pesar de que las comunidades han ido incorporando a su normativa directrices relacionadas con el uso, los horarios, el personal de las bibliotecas, así como planes de lectura. También los profesores se han ido sumando a los cursos que organiza el Ministerio de Educación para atender las bibliotecas escolares. Pero queda camino por andar.

Lecturas obligatorias en el aula

La nueva ley educativa que estos días se debate en el Congreso y está pendiente de su aprobación, “ofrece una oportunidad para dar un salto cualitativo”, coinciden los responsables de este estudio sobre bibliotecas escolares que prologa la ministra de Educación, María Jesús San Segundo.

Entre las recomendaciones recogidas en el informe se sugiere modificar la ley para que todos los alumnos dediquen un tiempo obligatorio a la lectura en cada una de las asignaturas. “Parte de los contenidos deberían aprenderse leyendo”, propone el catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación Álvaro Marchesi.

“Hay que asumir el compromiso de que la lectura forma parte del tiempo educativo normal”, añade.

Marchesi espera que esta idea sea del agrado de todos los grupos políticos y se alcance un acuerdo sobre este punto, porque ya se ha propuesto en otras ocasiones.

Recomiendan también que en un plazo de cinco años las bibliotecas han de estar bien dotadas y que se abran todo el día y los fines de semana, de tal forma que permita al alumno integrar su uso como parte de los estudios.

El problema de la falta de personal para atender estas salas escolares de estudio podría, quizá, mitigarse, con esta otra propuesta: “Que todas las carreras universitarias incorporen una asignatura optativa de apoyo a la educación; aquellos alumnos que la eligieran dedicarían ese tiempo a actividades como el cuidado de las bibliotecas, apoyo a los alumnos en el aprendizaje de la informática…”

En todo caso, habrá que “garantizar que el responsable de la biblioteca tenga al menos una dedicación semanal de 15 horas y que ejerza esta función de forma estable”, algo que ocurre en algunos de los países más avanzados de Europa.

Por último, los expertos proponen que los alumnos, al finalizar la educación secundaria obligatoria, hagan un trabajo monográfico interdisciplinar de forma obligatoria. La biblioteca sería una herramienta fundamental para ello.

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