Un buen texto, tranquilo pero contundente. Espero que tomen nota en Consejería y Ministerio, porque en este y otros artículos se ve un camino: bibliotecarios escolares + hacer de la biblioteca un departamento escolar.
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Viernes 7 de diciembre de 2007, páginas de opinión de “La verdad”.
http://www.laverdad.es/murcia/20071207/opinion/bibliotecas-escolares-cuestion-resolver-20071207.html
Extracto algunos párrafos.
Y es que la mayoría de las bibliotecas escolares sufre de soledad, una soledad persistente, casi endémica, inconcebible si de verdad se cree en el poder redentor de los libros y la lectura. Muchas bibliotecas escolares son islas solitarias, casi un paréntesis en la vida diaria de los centros: un lugar donde se almacenan libros antiguos y donde se envían a los alumnos castigados para que reflexionen, rodeados de cadáveres polvorientos -los libros también mueren, sobre todo si no se leen- y alejados del mundanal ruido de aulas, patios, pasillos, laboratorios y cantina.
[...]
Existe un desamparo administrativo desde hace décadas, que se ha ido perpetuando en las sucesivas reformas educativas
[...]
volvemos a encontrarnos con un agujero negro: no se contempla por ningún lado la figura de un bibliotecario que se ocupe de las tareas propias y técnicas de organización de una biblioteca. Biblioteca, sí. Bibliotecario, no. ¿Cómo se entiende? Se resuelve la papeleta con un parche a todas luces raquítico, asignando una hora lectiva semanal a un profesor, el coordinador. Sí, han leído bien: una hora lectiva a la semana, una concesión generosa sin límites que puede dar idea del valor que se le asigna a esta función. Ni más retribuciones, ni más méritos, ni más nada.
[...]
Y así las cosas, es un hecho casi milagroso que aparezcan algunos Robinsones Crusoe en los centros, tenaces y atrevidos, que deciden transformar esta silenciosa isla cementerio, apartada de cualquier ruta habitual de los alumnos, y convertirla en una auténtica y dinámica biblioteca. Hay que tener valor.
[...]
Y sí, hay voluntad en la administración para que cambie el panorama; y hay programas educativos que asesoran a los profesores -que no son técnicos en estas cuestiones de biblioteconomía y documentación-; hay cursos de formación, y hay dotaciones económicas específicas y extraordinarias para la mejora de las bibliotecas escolares. Pero aún no se ha llegado al fondo de la cuestión. Y queda lo fundamental por resolver.
Nota: El artículo comienza recordando uno anterior llamado “La soledad de las bibliotecas escolares”. Lo hemos enlazado, ahora que el archivo de El País está accesible. Es de Octubre de 2005.
